Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de septiembre de 2010

Vir, virtus, virtud

Virtudes que debe tener un yerno ideal:

Amar a mi hija. El amor se palpa en la mirada de él a ella cuando ella no le mira; en cómo le coge la mano cuando pasean; en cómo la admira por lo que hace; en cómo valora lo que ella dice; en cómo procura que ella brille; en cómo respeta su camino distinto; en cómo procura adaptarse a las peculiariadidades de su cultura diferente...

El trabajo y esfuerzo. Se manifiestan en la entrega y energía que él desempeña en los trabajos de la casa: lavar la ropa, preparar la comida, hacer la compra; en la seriedad en su trabajo: en las relaciones con sus clientes, en su afán de superación y mejora.

La ambición: se muestra en hacer progresar su propia empresa; en realizar un hogar soñado; en la claridad en los objetivos y la perseverancia y voluntad en llevarlos a cabo.

El anclaje en valores de siempre: el amor filial; el cuidado de la familia; la elegancia y cortesía con los mayores; el respeto, consideración y reconocimiento de sus suegros; la fidelidad a una tradición de creencias heredadas de sus antepasados; la generosidad de alma y bienes; la honestidad y la honradez.

El sentido del humor: es difícil mantener la sonrisa y relativizar los problemas cuando se pretende iniciar una familia, crear un hogar y procurar los medios para hacer frente a responsabilidades futuras.

Lo difícil es expresar estas virtudes y mantenerlas de un modo natural y continuado, no forzado o impuesto por unas circunstancias especiales.

Felicitadme, porque yo he sido testigo de que todas estas virtudes las tiene el prometido de mi hija. 

N.B.: todo lo anterior lo suscribe mi esposa.

"Virtus" es un derivado de "vir", "hombre"
La "virtus" : conjunto de comportamientos gracias a los cuales el "vir", el hombre, puede mantenerse como tal.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Entre pucheros


Víctor Hugo, en Los Miserables, al describir la casa que ocupa Jean Valjean, dice que la presencia de cortinas en las ventanas indica que en esa casa habita una mujer.

En la antigua Grecia el filósofo podía preguntarse por la razón de las cosas porque otros, esclavos, artesanos, comerciantes o funcionarios, satisfacían sus necesidades primarias: la comida en la mesa para su alimento, las sábanas para su descanso, las toallas limpias para su aseo, la ropa que vestía, su paseo seguro por la ciudad…

Hoy en día las cosas no son como en la sociedad esclavista y patriarcal de la antigua Grecia. Hoy día hombre y mujer se reparten en mayor o menor medida dependiendo de circunstancias, educación y costumbres la logística del día a día. Pero, y siempre desde el punto de vista de un hombre, existe una diferencia en el modo de abordar esas tareas “entre los pucheros” como las calificaba Santa Teresa. Si el hombre se interesa por lo práctico y efectivo, la mujer a ello le añade los detalles, en el color, en la textura, en el efecto.

Cuando regresamos por segunda vez al pueblo observamos que el seto que hay delante la casa había crecido de nuevo. Ante la necesaria poda, él quería cortarlo hasta la altura de su rodilla para que al año siguiente su crecimiento no tapase la fachada. Ella se opuso porque pensaba en el presente, en el efecto de frescor, verdura y vida que ofrecía; ella tenía razón.

Cada vez que venimos a esta casa vieja e incómoda, intenta limpiarle la cara, y poda setos, siega hierbas y arranca malezas. Se coloca el delantal viejo que hay detrás de la puerta de la cocina y, armada de una lanza terminada en un trapo enrollado, sugiere a las arañas que se oculten por unos días en las rendijas de las paredes.

Ella intenta hacer en lo posible del lugar que habitamos en cada momento un universo feliz, donde todo sonría.

En lo posible, porque la casa no es propia.

En una ocasión, aprovechando la existencia en la casa de una maquina de coser antigua, quiso cambiar las cortinas. No pudo. La justificación fue que a lo mejor las otras mujeres de la familia no estaban de acuerdo y lo podían entender como injerencia desmesurada. Aún persisten las viejas cortinas de lunares que en su día colocó la dueña.

Tampoco pudo convertir el huerto salvaje que hay detrás de la casa, donde sobreviven lánguidos árboles frutales, y donde año tras año hay que segar una maleza pertinaz, en una pradera de fino césped verde donde pasar las tardes tumbados en hamacas a la sombra de morales y manzanos durmiendo la siesta o leyendo un buen libro.

¡Si ella pudiera! ¡Lo que no haría con esta casa!

Ella, maestra del valor de lo sencillo, de la importancia del detalle y de la trascendencia del trabajo callado.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Chismes

Hay en la repisa de la ventana de la cocina de la casa del pueblo una vieja caja metálica de color esmeralda que fue en su tiempo una caja de té. Allí se guarda todo chisme o miniatura que uno pueda imaginar: clavos, alfileres, tornillos, tacos de plástico, tacos para las patas de algún mueble, botones (desde botones negros de abrigo, verdes de uniforme de Guardia Civil, hasta botones minúsculos de camisa), alguna cremallera que aguarda ser útil a algún pantalón, mecheros que aún encienden, medallas de estaño con la imagen de la Virgen o del Sagrado Corazón de Jesús, estampas recordatorios pidiendo alguna oración para algún difunto amigo, pinzas de ropa de madera o plástico chino... y el reloj de pulsera de mi madre que aun funciona. Encima de todo se apila otra caja metálica más pequeña, redonda, que guarda los útiles de costura. De la caja asoman los ojos de un par de tijeras, el mango amarillo de un destornillador y la punta de algún que otro lápiz.

Buscando en la caja unas pinzas de depilar para extraer un tornillo que se había atrapado en el desagüe del lavabo, tuve que volcar su contenido encima de la mesa camilla. Al final tuve que recurrir a mi neceser para conseguir las dichosas pinzas. Pero después de solucionar el problema del lavabo decidí aprovechar la oportunidad y hacer una limpieza del contenido de la caja desparramado encima del hule de la mesa. Uno a uno fui examinando los distintos objetos y apartando aquellos que definitivamente no tenían ninguna expectativa de utilidad posible. Al final debí rechazar un 1% de todo el contenido. Todo lo demás volvió a la caja, esta vez limpia, a la espera de otra inspección anual mas decidida.


Este curso voy a impartir Historia de España en Segundo de Bachillerato. Me he traído al pueblo el libro de texto que mis alumnos van a usar. Aunque ya he dado otros años la misma asignatura, lo he hecho con un libro distinto. Ahora tengo que preparar el desarrollo de las lecciones de acuerdo con este libro. Esto me exigirá nuevos apuntes y notas. 

En los archivadores que tengo en mi despacho guardo los apuntes de otros cursos que me sirvieron en su día, pero que dudo que utilice otra vez. Lo lógico seria hacer una revisión de todos ellos y deshacerme de aquellos que nunca más voy a utilizar.

Cuando regrese a casa, de vuelta de estas minivacaciones de comienzos de septiembre, estoy decidido a hacer una limpieza de todo aquello que ya no vale, de todo aquello que no voy a usar jamás.

Pero mucho me temo que cuando vaya repasando minuciosamente uno a uno los ficheros de mi pasado empezarán mis dudas. ¿Y si alguna vez necesito los apuntes? ¿Y si hay en ellos algo importante que perderé si los desecho?

Me parece que me va a pasar como con la caja de la cocina o como cuando optimizo mi ordenador. Aquí el mensaje final me dice: el resultado de la optimización ha mejorado el funcionamiento de su ordenador en un 1%.

jueves, 19 de agosto de 2010

Mi cocido


¿Qué es lo que le da el gusto de cocido al cocido?

En el cocido clásico se pueden distinguir muchos sabores: el sabor redondo de los garbanzos, el picante del chorizo, el frío del repollo, el líquido del tocino… Pero hay un gusto rancio, básico, sólido que une todos los sabores y los destaca. Es el sabor del hueso de jamón.

En mi matrimonio, que hoy hace 31 años, también hay distintos sabores.

Está el sabor del humor hecho de años de experimentos para descubrir lo que hace brotar la sonrisa o estallar la risa del otro; el del dolor que notamos y respetamos en los silencios mutuos; el sabor secreto que solo conocen nuestros cuerpos; o el sabor de la admiración por el otro que sentimos en el ensancharse de nuestras mentes.

Pero, querida mía, hay un sabor de hueso de jamón que une todos los demás y ha hecho de nuestro matrimonio un cocido más que decente; es el sabor de la voluntaria, querida y buscada fidelidad. La fidelidad entendida como la consecuencia, el resultado de la confianza en el amor del otro.

Buen provecho amor.

jueves, 5 de agosto de 2010

Generosidad

Alegoría de la generosidad


La luz de una lámpara puede disipar todas las sombras de una habitación. Una virtud puede hacer lo mismo con una vida.

Hay una persona que siempre recordaré por su generosidad.

Como si se tratase del director de una empresa cualquiera, que tiene que hacer provisiones de dinero para amortizar el desgaste del capital fijo: edificios, vehículos, máquinas, equipos informáticos, etc., en la gran empresa de su vida, esta persona tiene también un apartado de provisiones para amortizar el no ser valorada como debiera por sus seres queridos.

Una parábola del Evangelio cuenta que un administrador de los bienes de su amo, temiendo que éste le despidiese y le arrojase a la calle, decidió llamar a todos los que tenían cuentas pendientes con su señor y rebajarles o perdonarles las deudas. De esta forma cuando su amo le despidiese tendría numerosas personas a las que acudir.

La persona de la que hablo, sin el cálculo del administrador de la parábola, tiene las puertas abiertas en muchos corazones en deuda. Porque ella ha vivido, a su manera, para los demás. Ha sido generosa con su tiempo y desprendida con sus bienes.

Nunca dudó cuáles eran sus prioridades en esta vida. Cuando nació su nieta en un país extranjero viajó para acompañar a su hija en esa experiencia única del parto. Cuando nació su nieto hizo lo mismo. Ya avanzada en años, se desplazó para asistir religiosamente a los bautismos, comuniones y confirmaciones de sus nietos.

Y aunque ahora su memoria ya refleja el peso de los años, no pasa un cumpleaños o un aniversario sin que familiares o amigos reciban el recuerdo y la felicitación. Que yo recuerde no ha habido Navidades en las que sus hijos y nietos no hayan recibido indefectiblemente su presente.

En la imagen que ilustra la virtud de la generosidad aparece una mujer tocada con una corona de oro que simboliza la realeza o nobleza de dicha virtud. A sus pies tiene un león porque es el animal más fuerte y por ello más generoso. Con la mano derecha aparta de sí una cadena de oro indicando su desinterés por los bienes materiales.

La persona de la que hablo, aunque republicana, bien podría ser la mujer coronada de la imagen.

lunes, 2 de agosto de 2010

Hi!


Cuando tus dudas sobre la sensatez humana han llenado casi la copa de tu capacidad de asombro y apenas te resistes a abandonar toda esperanza en el hombre, de pronto, como el relámpago que rasga la noche e ilumina el camino, se presenta la maravilla, y tras el telón del desencanto aparece de nuevo radiante la sonrisa, esa sonrisa que no puede explicarse por medios naturales.

Ayer, mientras, disfrutando del sol tropical y rodeado de palmeras, me bañaba solo en la piscina comunitaria del bloque de apartamentos donde vive mi suegra en Florida, se abrió la verja metálica que la rodea, y apareció, de la mano de su madre, una niña de apenas dos años diciendo atrevida: Hi; seguramente una de las pocas palabras que ya ha aprendido de, a juzgar por las apariencias, sus bien educados padres. El saludo se repitió varias veces y siempre acompañado de una amplia sonrisa de oreja a oreja. La niña vestía un bañador de color rosa pálido de dos piezas, un sombrero de tela y unas enormes gafas de sol. Por si su primera actitud no te había cautivado, su apariencia ya te predisponía plenamente a su favor.

Hoy, casi a la misma hora, ha vuelto a la piscina y como traía de la mano a su padre no saludó, seguramente porque no quería compartir con nadie su trofeo. Mientras yo intentaba continuar con la lectura apasionante de “The Woman in White”, no podía sustraerme a escuchar la alegría de la niña en el agua. En uno de los momentos miré y vi a la niña sentada en las escaleras de acceso al agua y a su padre que, a su lado y jugando con ella, se sumergía y permanecía un tiempo bajo el agua. Ella, preocupada por la tardanza en salir del padre, agarraba su cabeza y la intentaba sacar al aire. Cuando por fin su padre surgía del agua su grito: iiairriiis (Here he is) resumía la alegría de ver de nuevo al objeto de su pasión y exclusiva propiedad. La escena se repetía una y otra vez y yo no podía sino sonreír. También me hacia feliz el ver que el cuidado y la atención de sus padres jóvenes no les impedía gozar del placer de la alegría de su hija.

Para mí la escena que presenciaba era la demostración de que tiene que existir algo que explique tanta belleza.

domingo, 25 de julio de 2010

La fortuna de Eneas


La imagen representa a Eneas huyendo de Troya.

La escena tiene lugar durante la Guerra de Troya que enfrenta a aqueos contra troyanos. Los aqueos consiguen penetrar en el recinto amurallado de Troya con la conocida estratagema del caballo de madera. La consiguiente matanza, saqueo e incendio de la ciudad obliga a los troyanos a huir. Entre los que consiguen salvarse está el héroe Eneas, hijo del pastor Anquises y de la diosa Venus, y casado con Creusa, hija de Príamo rey de Troya, con la que tiene un hijo, Ascanio.

En la pintura de Miguel Ángel (un detalle del fresco de la Capilla Sixtina), sobre el fondo de la ciudad en llamas, Eneas (la figura central), apoyando firmemente sus pies en el suelo y reflejando en su rostro el esfuerzo, carga a sus espaldas con el cuerpo de su padre anciano. A su lado el joven Ascanio, que lleva en una caja los manes y penates (dioses de sus antepasados), mira tiernamente a su padre y a su abuelo. Creusa, la esposa de Eneas, se sitúa en el umbral de la puerta, como indecisa entre su padre Príamo atrapado en la Troya en llamas y su esposo e hijo que huyen.

El gastado y amarillento cuerpo de Anquises muestra la debilidad de la vejez (además la diosa Venus había castigado a Anquises con la cojera por haber revelado su relación amorosa con ella). El cuerpo de Eneas es representado en la plenitud de la madurez. Las exageradas formas del cuerpo del joven Ascanio, en contraste con la candidez de su rostro, son, más que el reflejo de la naturaleza, el símbolo de la fuerza de la juventud.

La escena se convierte en símbolo y metáfora. Símbolo de la Historia y la vida (pasado, presente y futuro).

También en símbolo de la importancia de la familia para la persona humana. Pues en Eneas pesa tanto el pasado representado en su padre como el futuro representado en su hijo. La tradición (Anquises) es tan válida como la novedad (Ascanio). Los valores aprendidos del pasado son válidos para el futuro. El hijo, que lleva los dioses, los espíritus de sus antepasados, no rechaza el pasado sino que lo asume. Ascanio no deja de avanzar hacia el futuro, pero mientras mira hacia atrás mantiene el vínculo con su pasado.

Vivimos en la postmodernidad, donde no existe una sola estructura, un único esquema de valores sino muchos, dependiendo de géneros, culturas, estatus sociales, edades y perspectivas personales. Esto es un hecho inapelable. Hoy en día las posiciones absolutas son difíciles de mantener.

Pero en ese relativismo en el que nos movemos me pregunto si no existen unos valores aceptables por todos, valores que proceden de la experiencia de miles de años, valores forjados en el yunque de la Historia, valores que se repiten en todas las civilizaciones y culturas: valores transmitidos por nuestros padres y que deberíamos transmitir a nuestros hijos. Hablo de la decencia, de la honradez, de la bonhomía, de la piedad, del respeto. No se trata de aceptar por que sí la tradición basada simplemente en la autoridad, sino en el sentido común, ese sentido en el que tiene mucho que decir la experiencia de siglos.

El problema viene cuando ese relativismo moderno se desentiende de todo mamado, esto es, de lo depositado gota a gota por el ejemplo de abuelos, abuelas, padres y madres, y asume como bandera el “todo vale”, lema síntesis del individualismo más egoísta.

No hay como las situaciones de estrés para probar la fortaleza de la familia y de los valores que ella representa. El riesgo de ser atravesado por una espada, devorado por el fuego o aplastado por un muro que se derrumba fue suficiente motivo para unir a la familia de Eneas en un objetivo común, la huida, y con ella la posibilidad de una nueva vida. Pero más fuerte que el afán de supervivencia lo que verdaderamente unió a abuelo, padre, esposa e hijo, fue ese cemento invisible que une vidas en un hilo que se remonta a la sombra de los tiempos y que se lanza a un futuro incierto.

jueves, 15 de julio de 2010

Un momento que ya voy…

Lady Surra

Hoy Radio Nacional ha hecho una encuesta sobre quién ha ganado en el debate sobre el estado de la nación. La opinión se divide entre Zapatero y Rajoy. Yo me sumo a la opinión de un periódico que hoy titulaba que Zapatero ha salido vivo.

Pero en realidad yo creo que esto interesa a muy pocas personas. La política tiene mucho de teatro y cada uno tiene que representar su papel para ganarse el sueldo.

A la gente le interesan otras cosas. A mí personalmente el debate me ha vuelto a recordar que como funcionario me han agredido y me han rebajado el sueldo, cosa inaudita en la Historia. Después del subidón de la Copa del Mundo hemos vuelto a la realidad cotidiana de seguir con nuestras vidas y a disfrutar con lo que hay: el fresco de la mañana, el solecito en el jardín sentado bajo la sombrilla escuchando el rumor del río y el canto de los pájaros, el pincho de queso y chorizo a media mañana, la sopa de fideos y el cocidito para comer, la siesta hasta las cinco, la consulta del correo por si hay noticias de mis hijos, la charla vespertina con mi amor, la lectura frenética de Los Miserables, el paseo con una Surra saltarina por el monte, las novedades futboleras en la radio, etc.

Creo que Surra tiene el secreto: de la cama a la calle, de la calle a la mesa y de nuevo a la cama, y entre tanto a tomar el sol, y cuando calienta en exceso a resguardarse a la sombra y vuelta a empezar. Ahora, mientras escribo antes de la siesta, la creo escuchar que desde la cama me dice: ¿vienes ya o qué?